Muchos cristianos entran en una prueba dolorosa —fríos, mundanos, poco espirituales— con todas las mejores y más tiernas cualidades de su naturaleza encerradas en el corazón, como la belleza y la fragancia duermen en el árbol desnudo y áspero de enero. Pero salen de ella con espíritu dulce, madurado, enriquecido y endulzado, y con todas las fragrantes gracias derramando su perfume a su alrededor.
El fotógrafo lleva su fotografía a una habitación oscura para poder revelar sus rasgos. La luz estropearía su delicada obra.
De la misma manera, Dios saca a la luz, en muchas almas, sus bellezas más encantadoras, precisamente cuando la cortina está corrida y la luz del día queda excluida. La oscuridad no anuncia la ira divina; es solo la sombra del ala del amor divino plegada cercana sobre nosotros por un breve momento, mientras el Maestro añade algún nuevo toque de hermosura al cuadro que va revelando en nuestras almas.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: The darkness does not tell of Divine anger
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.