Nunca dudes por un momento que la piedad genuina y la santidad eminente son los primeros requisitos para todos los padres. Ningún padre puede esperar influir en sus hijos para el bien, sin caminar él mismo con sabiduría y dignidad por la senda estrecha de la santidad. Aquí puede verse la razón por la que la enseñanza sana y fiel en las escuelas dominicales ha logrado, comparativamente, tan poco bien. No es culpa de la iglesia, sino de la influencia perniciosa del hogar. El mal que se presencia en el hogar contrarresta con creces las lecciones aprendidas en la iglesia. Es la voluntad de Dios que los padres ejerzan control sobre sus hijos. Deben mandar lo que es recto y deben prohibir lo que está mal. Se dijo en alabanza de Abraham que Dios sabía que él mandaría a sus hijos después de él guardar el camino del Señor. Fue la ruina de la casa de Elí que sus hijos se hicieron viles y él no los reprendió. En la Escritura los hijos son comparados con flechas, pero todo depende de la dirección que la mano que las guía imprima a la flecha. Son comparados con sarmientos de la vid, pero una vid sin podar no dará fruto que valga la pena recoger. Así está escrito: "El niño dejado a sí mismo avergüenza a su madre!" En la educación de sus hijos, que los padres comiencen temprano. Mucho antes de que un niño cumpla dos años, sabrá el significado de un "No" enfático. Aun a esa tierna edad puede comenzar alguna medida de disciplina. No cedas ante la voluntad propia ni el mal humor de un niño. Lo que una vez digas, que sea ley. Sin alguna causa especial, no te apartes de ello. Castiga en especial la mentira y la desobediencia: son la raíz de todo lo malo. Sin embargo, con firmeza, sé muy amable. La severidad es un viento frío que marchita en el botón los comienzos de algo mejor en el corazón. El carácter de Byron fue arruinado por la crueldad de una madre áspera e insensible. Gana a tus hijos por el amor. Atráelos, más que arrearlos. Haz del hogar el lugar más feliz del mundo para ellos.
El gran bálsamo de los males humanos!
Fuente y atribución
Autor original: George Everard
Título original: Quotes from George Everard — 22
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de George Everard, publicado originalmente en Grace Gems.