Cristo enseñó muchas lecciones acerca del pecado y la condena de la inutilidad. Una de sus parábolas hablaba de un árbol que no daba fruto. La tierra era buena, y el árbol había sido plantado con cuidado y bien atendido; sin embargo, cuando el amo llegó en la temporada apropiada, esperando hallar fruto, no encontró ninguno. La falta de fruto está maldita. El árbol que solo tiene hojas se hace secar. No hay lugar en el reino del Señor para la inutilidad.
Debemos notar aquí que es la rama fructífera la que es podada. El jardinero no poda la rama infructífera; no le haría ningún bien. Es el verdadero cristiano a quien el Padre disciplina y a quien hace sufrir a veces bajo una corrección severa. Los impíos son dejados a un lado; pero en su lozanía no hay fruto espiritual.
Otra cosa que conviene notar aquí es que el objeto de la poda del Padre es que la rama pueda ser llevada a dar más fruto. A veces parece como si la poda fuera destructiva; pero aquel que sostiene la navaja sabe que lo que está haciendo hará que la vid sea mucho más lozana al final, y su fruto más dulce y jugoso. El propósito de Dios en toda su poda es una mayor fecundidad.
Ya la poda, aguda, sin tregua, esparce flor, hace sangrar el retoño; después, la abundante cosecha del fruto agradable del Maestro.
Si tan solo recordáramos esto cuando nos encontramos sufriendo bajo la mano disciplinadora de Dios, nos ayudaría a soportar el dolor con paciencia y también a colaborar con Dios en su propósito de bendición para nosotros. La prosperidad terrenal es a menudo para el cristiano como la lozanía que el jardinero debe cortar para salvar la vida de la vid.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: The Pruning-Knife
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.