«La leche tibia es más apta para nutrir a un niño que la leche fría. Así también, la Palabra de Dios entregada con voz viva y corazón sincero tiene mayor congruencia y aptitud para la obra de la gracia».
Además, no hay leche más apta para un niño que aquella que viene tibia del seno de la madre. Escuchar un sermón prestado es como un niño que mama de un biberón. Pero así como el niño que mejor crece es el que toma su alimento fresco de la madre, escuchar discursos de corazón cálido, frescos del corazón del predicador, es lo más nutritivo para el hijo de Dios. No hay calor como el calor del corazón, ni testimonio como el de la experiencia.
Esta es la gran distinción entre una clase de predicación y otra. Un sermón se entrega con una frialdad correcta, como si el predicador no tuviera interés en él, ni tampoco sus oyentes; y, por regla general, no logra satisfacer el alma. Otro discurso puede tener menos alimento que el primero; pero como proviene del alma más íntima del predicador, y él lo habla con calor de celo y tierno afecto, entra en el oyente, es asimilado por él y le hace crecer.
Seguramente no puede haber farsa mayor que una predicación sosa y sin vida. Al quitar el alma de un hombre, hacemos de él un cadáver repugnante y ofensivo. Así también, la doctrina del evangelio, cuando se ha divorciado del afecto del ministro, se ha convertido en un credo sin corazón, que trae más servidumbre a los intelectos de los hombres que sustento a sus almas.
Si el pastor no está vivo, ¿qué serán las ovejas? Si los hombres son obligados a alimentarse de hielo y a habitar entre icebergs, se congelarán. En cambio, los que son calentados por un ministerio ardiente probablemente se convertirán en cristianos fervientes.
Señor, prefiero quedarme mudo antes que predicar tu palabra privándola de aquel santo calor que la hace alimento nutritivo para tus hijos. No me pongas a tus enfermos frente a alimentos fríos que no podrán digerir. Aunque no sea elocuente, que al menos sea afectuoso. Aunque no pueda hablar con la sabiduría de un padre, que al menos hable con el corazón de un hermano.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: Surely there can be no greater farce!
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.