La providencia divina en el dolor y la aflicción
Que se entienda, entonces, que mientras el pecado es la primera causa de todo sufrimiento y aflicción — sin embargo, a muchos que no han pecado más gravemente — sí, a muchos de los mejores y más puros de la humanidad — las dispensaciones de dolor llegan con más pesadez, y de diversas maneras y clases.
Bella y dulcemente se ha dicho: «Cuando el espíritu liberado ascienda de sus cadenas de barro, a la luz más clara de un mundo mejor — entonces se verá cuán necesario fue este entrenamiento compulsivo, para sacar y madurar a perfección los frutos voluntarios de obediencia y amor. Los que son llamados, en la economía de la providencia de Dios, a alguna esfera importante de servicio en esta vida, pero más especialmente con referencia a la vida venidera, son probados, aun hasta la séptima vez si fuera necesario, en el horno purificador de la aflicción.»
¡Qué gran verdad, y cuán consoladora, tenemos aquí! Ninguno de nosotros sabe para qué usos en el mundo espiritual se nos está entrenando ahora, ni cuánto de nuestras pruebas y aflicciones presentes está necesariamente conectado con la naturaleza de ese uso. A menudo pienso, cuando leo los relatos de sufrimientos terribles y misteriosos, cuán aptos pueden volverse tales personas para ministrar a los que puedan sufrir de igual manera, y cuán dulce y alta será la satisfacción de hacerlo.
Oh, es hermoso pensar, en medio de las escenas terribles y confundidas de este mundo, cuán seguramente toda la experiencia se conecta con las cosas eternas — y cómo nuestras pruebas más severas y amargas pueden estar preparándonos para nuestros oficios más dulces de amor y ternura, de los cuales derivaremos el placer más sentido del corazón.
¿Qué puede hacer o realizar una persona no probada, que ha pasado por esta vida indiferente o insensible, no vivamente alerta a sus goces y dolores, y no muy susceptible a ninguno — comparada con un alma que ha participado con suma sensibilidad en su gran experiencia, y ha sido ablandada y afectada por sus muchos cambios? Aquí, de nuevo, está la ley compensadora, que eventualmente reconciliará todas las condiciones e igualará todas las suertes, que hasta lo muy,
«altura de este gran argumento,
podemos afirmar la providencia eterna,
y justificar los caminos de Dios para con los hombres.»
Fuente y atribución
Autor original: Manton Eastburn
Título original: Divine Providence in Sorrow and Affliction
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Manton Eastburn, publicado originalmente en Grace Gems.