Lecturas bíblicas diarias en la vida de Cristo

La puerta dorada de la oración nos lleva al Padre

El nombre «Padre» transforma toda oración: nos asegura amor constante, acceso libre a la presencia divina y la gracia que recibe al hijo pródigo. Cristo abre así la puerta dorada del templo de la plegaria.

¡Esta es la «puerta dorada» del templo de la oración!

Cuando nuestro Señor enseñó a Sus discípulos cómo orar, les dijo que así debían comenzar. No habían de acercarse a un poder infinito, ni a un misterio insondable, ni a una luz inaccesible, sino a una tierna paternidad. Este precioso nombre «Padre», en el umbral mismo de la plegaria, hace que el acercamiento a Dios sea fácil y seguro.

El nombre «Padre» nos asegura el amor y el cuidado divinos. ¿Acaso un verdadero padre no cuida de su hijo? ¡Cuánto más nuestro Padre celestial cuida de Sus hijos en la tierra! Él cuida incluso de las aves, dándoles su alimento cotidiano. Cuida aun de las flores, tejiendo con hilos coloridos las hermosas vestiduras que llevan puestas. ¡Con mayor razón cuida de Sus hijos! Así, el dulce nombre «Padre» nos garantiza que nunca seremos desatendidos ni pasados por alto en este inmenso mundo.

El nombre «Padre» también nos da la seguridad de un acceso sin obstáculos a la presencia divina. Los hijos de un gran rey no se quedan esperando a la puerta de su padre, como los extraños. Los hijos de Dios gozan de perfecta libertad en Su presencia. Nunca llegan en un momento inoportuno. Él nunca está demasiado ocupado para recibirlos y escuchar sus palabras de amor y oración. En medio de los innumerables asuntos del vasto universo, Él piensa en Su hijo más humilde. Entre toda la confusión y el ruido de este gran mundo, Él oye y reconoce el clamor más débil que se eleva de los labios del más pequeño y sencillo de Sus pequeñitos.

El nombre «Padre» interpreta además para nosotros la gracia y la misericordia de nuestro Dios. Siempre somos conscientes del pecado. ¿Cómo, entonces, podemos tener acceso a un Dios santo? ¡Ah! ¡Él es nuestro Padre! Sabemos que ni siquiera un padre terrenal cierra la puerta a su hijo errante. La vela queda encendida en la ventana durante las largas noches oscuras, para que el vagabundo, perdido en la negrura y anhelando regresar, al ver los resplandores luminosos, tenga la certeza del amor y de una bienvenida que lo espera. ¡Infinitamente más bondadoso es nuestro Padre celestial!

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: Our Father

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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