Un hijo de Dios puede sentirse a menudo profundamente turbado acerca de si tiene fe; pues cuando lee lo que la fe ha hecho y puede hacer, y ve y siente cuán poco ha hecho por él, se ve asaltado por dudas y temores de si ha sido bendecido alguna vez con la fe de los escogidos de Dios. Esto le hace decir con frecuencia: Oh, ¿poseo en verdad un solo grano de fe salvadora? Pero sí la posee; más aún, es precisamente su fe la que le hace preguntarse con tanta ansiedad, así como ver y sentir la naturaleza y la medida de su incredulidad. Es la misma luz de Dios brillando en su alma la que le muestra sus pecados, su naturaleza y su número; le convence de su culpa y enormidad; pone la carga de ellos sobre su conciencia; y le descubre los movimientos de un corazón incrédulo. Pero además, si no tuviera fe alguna, no podría oír la voz de Dios hablando en el evangelio ni recibirlo como un mensaje de misericordia; de modo que tiene fe, aunque no tiene su testimonio evidente ni su consuelo abundante. Esta fe salvará su alma; porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables; esto es, Dios nunca se arrepiente de ningún don que concede ni de ningún llamamiento que ha otorgado. Si, pues, alguna vez le ha bendecido con fe, por pequeña que sea esa fe en sí misma o en su propia estimación, nunca la quitará de su corazón, sino que más bien avivará el lino humeante hasta que se encienda en llama. Nunca abandonará la obra de sus manos, pues aquel que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.
Si, pues, aunque sea una sola vez en la vida, habéis sentido que el evangelio es poder de Dios para salvación; si habéis tenido alguna visión de Cristo por una fe viva; si aunque sea una sola vez, bajo la influencia de su bendito Espíritu en vuestro corazón, os habéis aferrado a él y habéis sentido aunque fuera por unos minutos que era vuestro, vuestra alma está tan segura como si estuviera bañándose continuamente en el río que alegra la ciudad de Dios, bebiendo sin cesar la leche y miel del evangelio y andando todo el día a la luz de su rostro benigno. No es que un hombre deba conformarse con vivir a un ritmo pobre, frío y moribundo; no quiero decir eso, sino simplemente sentar como parte de la verdad de Dios que, en cuanto a la salvación, no es la cantidad, sino la realidad de la fe lo que salva el alma.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: July 4
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.