Las personas en este mundo reciben, casi con exactitud, lo mismo que dan. Si nos parece que el mundo es duro con nosotros, lo más probable es que la dureza esté en nosotros mismos, y que aquello que percibimos sea el eco de nuestros propios dichos, el rebote de nuestros propios golpes, el reflejo de nuestra propia fealdad de carácter y de nuestro propio genio, la cosecha de nuestra propia siembra, que recogemos en nuestro seno.
Si somos desleales con alguien, es muy probable que algún día alguien sea desleal con nosotros. Si somos injustos con otra persona, hay poca duda de que en alguna ocasión alguien nos trate con injusticia.
Por otra parte, si el mundo nos parece lleno de amor, es muy probable que nosotros no demos al mundo más que amor.
Las personas, por lo general, nos tratan tal como nosotras las tratamos.
El hombre generoso encuentra personas generosas.
El hombre compasivo encuentra compasión.
El hombre misericordioso obtiene misericordia.
El hombre egoísta siempre piensa que este mundo es muy egoísta.
De ahí que la Regla de Oro descanse sobre un principio profundo de la vida. "Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos." Mateo 7:12. Lo que hacemos a otros, ellos lo harán con nosotros. Ese es el principio. Si queremos misericordia, debemos ser misericordiosos. Si esperamos compasión y ayuda, debemos dar ambas cosas, compasión y ayuda. Por regla general, las personas no devuelven calor por frialdad, ni cortesía por rudeza, ni amabilidad por desamor.
El principio se aplica incluso al trato divino que recibimos. En el juicio de Dios, recibimos conforme a nuestras obras. El que obtiene perdón es el que perdona a otros. El que halla misericordia es el que muestra misericordia a otros. Aquel a quien Cristo confesará delante de su Padre es el que aquí, delante de los hombres, confiesa a Cristo. Así, por la eternidad, recogeremos lo que hayamos sembrado y cosecharemos lo que hayamos esparcido.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: The Golden Rule
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.