Cuando hablo de una revelación de Cristo, no abogo por nada visionario. Sueños, voces, apariciones en el aire, visiones y sonidos, cruces en el cielo y apariciones al lado del lecho, los dejo a otros. Creo que en su mayor parte son porción de soñadores y entusiastas, pues los tenemos en la iglesia visible de Dios, lo mismo que fariseos e hipócritas, arminianos y antinomianos. No negaré, en efecto, que el Señor haya obrado por ellos en algunos casos singulares. Pero tomando la generalidad del pueblo de Dios y el modo ordinario de la operación divina, la revelación de Cristo al alma es un descubrimiento interno y gracioso por el poder del Espíritu, que le revela a los ojos de la fe.
Nada se ve ni se oye por los sentidos corporales; y sin embargo, su gloriosa Persona es tan vista y su voz tan oída como si el ojo y el oído contemplaran su gloria y escucharan sus palabras. Es del todo de gracia, completamente celestial y divino, y por tanto la naturaleza, los sentidos y la razón no tienen cabida aquí. Es una comunicación divina al corazón del poder y la presencia, la gracia y la gloria, el amor y la sangre de Cristo, de un modo que puede sentirse pero nunca describirse. Bajo estas sagradas influencias y unciones divinas, Cristo es dado a conocer al corazón y mirado, conforme a su propia palabra: «Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra».
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: February 10
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.