Muchas son las bendiciones que el cristiano ya posee; pero la salvación, en su plena realización, es aún futura. Abarca todo lo que Dios tiene en reserva para su pueblo a lo largo de la eternidad. ¿Incluye el cielo el gozo de aquellos placeres que ningún pecado podrá jamás mancillar, que ninguna tristeza podrá nublar, que el tiempo no podrá debilitar, que ningún cambio podrá afectar, que ninguna calamidad podrá destruir? ¿Incluye cuanto el amor infinito de Dios pueda preparar, cuanto la sabiduría infinita de Dios pueda concebir y cuanto el poder infinito de Dios pueda asegurar? Sea lo que sea que incluya, todo ello está encerrado en esta expresión. ¡Si tan solo se asegura la salvación de nuestras almas, todas las bendiciones de la gracia son nuestras aquí, y todos los inefables tesoros de la gloria serán nuestra herencia en lo porvenir!
Un anciano santo fue preguntado cierta vez por un amigo cristiano: «¿Qué está usted haciendo ahora?». «Esperando, señor», fue su respuesta. «¿Y qué está esperando?». «La aparición de mi Señor». «¿Y qué le hace anhelar su aparición?». «¡Oh, señor!», dijo él, brillando sus ojos lánguidos al pronunciar las palabras, «¡espero grandes cosas entonces!». Bien podría haberlo dicho, y bien puede todo verdadero creyente adoptar el mismo lenguaje. El creyente sí espera, y tiene sobradas razones para esperar «¡grandes cosas entonces!».
En la salvación plena y final de nuestras almas están encerradas todas esas grandes cosas. No es menos que una liberación completa de la servidumbre de la corrupción; una emancipación total del poder de todo enemigo; el cuerpo de pecado y de muerte dejado para siempre atrás; la buena obra, comenzada en el día de la convicción, plenamente consumada; toda gracia, por defectuosa que sea ahora, llevada a su madurez perfecta; todo esto, y algo inefablemente más, está implicado en aquel fin de su fe, hacia el cual se anima al hijo de Dios a dirigir su mirada.
«Mejor», dice el sabio, «es el fin de un asunto que su comienzo». Al inicio y al posterior progreso de la fe del cristiano corresponde no poca importancia; pero el fin de su fe será lo mejor de todo. ¡Bienvenida sean la vergüenza y la tristeza, si tal fin ha de ser finalmente nuestro! El mundo impío puede despreciarnos; aun nuestros amigos más cercanos pueden abandonarnos; sin embargo, podemos sobrellevar bien su oposición sin una sola murmuración, si solo se nos permite abrigar la esperanza de que nuestro camino terminará finalmente en una consumación tan bienaventurada.
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: The Blissful Consummation
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.