La sangre de Jesús es la vida de nuestro perdón y de nuestra aceptación. Esta sangre vivificante extendió su eficacia perdonadora hasta el período más remoto del tiempo y hacia el mayor de los pecadores; y si poseyó virtud anticipada, ¿acaso le falta poder presente? ¡No! «En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados». El penitente que cree, aunque tiemble, ve todos sus pecados cancelados por la preciosa sangre de Jesús, y cuando tras repetidas caídas vuelve a bañarse en ella, el sentido del perdón se renueva.
¿Y qué es la vida de nuestra aceptación sino la sangre de Emanuel? «Justificados por su sangre». La vestidura que nos cubre es la justicia de aquel que es «Jehová justicia nuestra»; quien, al tejer con una sola obediencia perfecta la túnica de nuestra justificación, la bañó en su propia sangre y la plegó en torno a su iglesia. Aun los santos del cielo se sostienen en ella, pues «lavaron sus ropas y las emblanquecieron en la sangre del Cordero». Así, hoy, quien ruega con la sangre justificadora de Jesús puede estar ante Dios, «acepto en el Amado».
De allí mana también la vida del gozo espiritual. No hay gozo real fuera de la experiencia del pecado perdonado; el gozo del alma no perdonada es una burla y un engaño. Pero cuando la sangre de Jesús es rociada sobre el corazón y el perdón se sella en la conciencia, entonces brota «gozo inefable y lleno de gloria». De allí fluye asimismo la paz, dulce, santa y divina, del corazón ensangrentado del Príncipe de paz. No hay verdadera paz con Dios sin reconciliación perfecta, y esa paz nos la habla Cristo por su sangre, que «habla mejor que la de Abel».
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - November 19
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.