Palabras diarias para los peregrinos de Sion

La sangre preciosa que justifica al pecador

La sangre de Cristo deriva todo su valor de la gloria de su Persona, y quien por fe la asira queda justificado, más blanco que la nieve.

Antes de que podamos tener fe en la sangre expiatoria de Cristo, hemos de ver la gloria de la Persona del Señor de la vida. «Vimos su gloria», dijo Juan, hablando de sí mismo y de los demás discípulos favorecidos, «la gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad». ¿Puedo hacerte una pregunta, tú que profesas conocer estas cosas? ¿Fueron tus ojos alguna vez ungidos para contemplar la gloria de Jesús? ¿Contempló alguna vez la fe, se aseguró alguna vez la esperanza, se derramó alguna vez el amor hacia la gloriosa Persona de Emanuel? ¿Fue él alguna vez precioso para vuestras almas? ¿alguna vez «del todo amable» en vuestros ojos? de modo que pudierais decir: «¿A quién tengo en los cielos sino a ti? y fuera de ti nada deseo en la tierra»?

Ahora, si has visto su Persona con el ojo de la fe, has tenido fe que fluye de tu alma hacia su sangre expiatoria; pues su sangre expiatoria deriva todo su valor, toda su validez y toda su eficacia de ser la sangre de aquella gloriosa Persona. Sobre esa sangre expiatoria vemos entonces estampada una dignidad infinita. La vemos entonces como la sangre de aquel que era Dios-hombre; y entonces vemos la dignidad, la inmensidad y la gloria de la Deidad de Jesús estampadas sobre los sufrimientos y la sangre que manaron de su pura humanidad. Cuando vemos esto con el ojo de la fe, ¡en qué rica corriente se convierte! ¡Qué fuente abierta para el pecado y la inmundicia! ¡Qué valor lleva estampado para purgar y limpiar una conciencia culpable!

Cuando esto se conoce y se siente, el alma es justificada. La justificación pasa de la mente de Dios al seno del pecador. Nunca estuvo realmente, en la mente de Dios, en estado de no justificado; pero lo estaba en su propia conciencia, lo estaba respecto a la ley y lo estaba en cuanto a su posición como pecador ante los ojos de un Jehová santo. Pero en el momento en que se le capacita, por fe viva, para tocar y asir la sangre expiatoria del Cordero de Dios, la justificación pasa a su alma, y queda gratuitamente justificado, perdonado y aceptado, mediante la sangre de la aspersión sobre su conciencia; y se presenta delante de Dios más blanco y resplandeciente que la nieve, porque «la sangre de Jesucristo limpia de todo pecado».

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: September 27

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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