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Amós 3:6: "Si ocurre una calamidad en la ciudad, ¿no la ha hecho el Señor?"
Cuando los terremotos sacuden las ciudades, las tormentas destruyen los hogares y las inundaciones se llevan vidas, el corazón humano pregunta instintivamente: "¿Por qué, Señor?" Sin embargo, la Escritura no nos deja sin respuesta. La Palabra de Dios proclama con audacia que aun los acontecimientos naturales más aterradores no son aleatorios, sino soberanamente decretados por el Señor, quien "hace todas las cosas conforme al consejo de Su voluntad" (Efesios 1:11).
Toda calamidad, ya sea tormenta, sequía, fuego o plaga, revela la santa justicia y majestad de Dios. Estos acontecimientos no están fuera de Su control, sino que son parte de Su providencia que todo lo abarca.
Esto no quiere decir que Dios se deleite en la destrucción; más bien, la usa para despertar los corazones muertos a la realidad del pecado y a la urgencia del arrepentimiento. El mismo Jesús lo afirmó al hablar de la torre que cayó en Siloé: "Aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y murieron, ¿piensan que fueron más pecadores que todos los demás que habitan en Jerusalén? ¡Les digo que no! Pero si no se arrepienten, todos perecerán igualmente" (Lucas 13:4–5).
Así, los desastres naturales sirven como megáfonos divinos que llaman a la humanidad a la humildad, al arrepentimiento y a una renovada reverencia ante el Todopoderoso Creador y Sustentador. Nos recuerdan la fragilidad humana y la maldición que el pecado trajo sobre la creación (Romanos 8:20–22). Sin embargo, para el creyente, la tormenta que nos humilla es también la tormenta que nos santifica.
Amados, las tormentas de este mundo son recordatorios de que el juicio viene, pero también la restauración. Cada tempestad susurra la promesa de unos cielos nuevos y una tierra nueva "en los cuales mora la justicia" (2 Pedro 3:13). Hasta ese día, que todo desastre terrenal nos recuerde: la misma mano que envía la tormenta también sostiene a Su pueblo seguro dentro de Su corazón amoroso.
Soberano Señor, cuando la creación gime y el mundo tiembla, enséñanos a ver Tu santidad y Tu justicia en cada tormenta. Condúcenos al arrepentimiento, al asombro y a una confianza inquebrantable en Tu justo gobierno. Ojalá proclamemos que en todas las cosas, aun en el desastre, solo Tú eres digno de alabanza. Amén.
"Dios es nuestro refugio y nuestra fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra se remueva y se desplomen los montes en el corazón del mar." Salmo 46:1–2
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Salvación en el lecho de muerte
Charles Spurgeon
Fuente y atribución
Autor original: Various
Título original: Grace Gems 2026 — (Be sure to LISTEN to the Audio , as you READ the text below
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Various, publicado originalmente en Grace Gems.