Las vigilias matutinas

La unidad del pueblo redimido refleja el amor de Cristo

Las divisiones enfrían el testimonio de la iglesia y entristecen al Señor. Acercarnos más a Cristo, el Sol de justicia, nos acerca también los unos a los otros en amor verdadero.

Oh Dios, eterna fuente de toda excelencia y gloria, deseo acercarme esta mañana por el nuevo y vivo camino. Impotente en mis propios ruegos, miro a la diestra del trono, al Príncipe que tiene poder con Dios y prevalece. Culpable, vengo al Redentor sin mancha; enfermo, al gran Médico; expulsado, a aquel que prometió no echar a nadie.

Que su presencia me acompañe siempre; que no necesite otro Salvador, porque él me basta para la vida y para la muerte, para el tiempo y para la eternidad.

Me gozo al pensar en la multitud gloriosa alrededor de tu trono, los trofeos de tu gracia, con vestidura blanca y palma inmortal; en la unidad bendita que recorre sus filas sin discordia, viendo ojo con ojo y corazón con corazón. En cambio, lamento el triste alejamiento de cristiano a cristiano en tu iglesia aquí abajo: celos, recelos y mutuas recriminaciones entre quienes debieran amarse.

«¡Mirad cómo se aman!», decían aun los paganos al ver la primera Iglesia. Oh bendito Autor de la paz y amante de la concordia, en tu misericordia, derrama sobre tu Iglesia mayor espíritu de unidad y caridad. Sana las heridas de tu cuerpo místico con el manto del amor. Acércanos a ti, y entonces nos acercaremos también los unos a los otros. Haznos sentir que somos una misma familia, ovejas del mismo redil bajo el mismo Príncipe de los pastores, para que las pequeñas diferencias se disuelvan en amor.

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: FOR THE UNION OF YOUR PEOPLE

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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