Muchos son tenidos por grandes por el mundo, y con frecuencia envidiados por sus inferiores, que sin embargo ignoran lo que hace al hombre verdaderamente grande. Un cortesano, como Ahitofel; un príncipe, como Amán; y un rey, como Belsasar, pueden ser personas viles y sórdidas; pues a menudo en los más altos puestos son levantados los más viles de los hombres. Coches y carros; caballos y sabuesos; muchos sirvientes y una numerosa comitiva; una mesa suntuosa y fina vestidura; altos títulos y cargos honoríficos; grandes amigos y noble sangre; ricas conexiones y riqueza inmensa, no constituyen la verdadera grandeza. No es la nobleza, ni la popularidad, ni la belleza, ni el talento lo que hará grande a alguien. No es la fuerza del cuerpo, el valor natural, la educación liberal, las prendas brillantes o el genio chispeante lo que puede hacer un hombre verdaderamente grande. De aquí esta aparente contradicción, pero sólida verdad: los grandes hombres no siempre son grandes.
¿Se hallan, entonces, grandes hombres en alguna parte? Sí, aunque no atraen mucha atención ni estima de los hombres. El alma santa, humilde y negada a sí misma es verdaderamente grande. Aquel que vive por encima de las cosas del tiempo, y tiene su meditación en Dios y en las cosas del mundo invisible. Aquel que se contenta con poco de los bienes de este mundo, que puede perdonar a sus enemigos, pasar por alto las afrentas, olvidar las injurias, pagar el odio con amor, gozarse en la tribulación, triunfar en la fe, tener dominio sobre su propio espíritu, lamentar los pecados de su tiempo, llorar por su falta de santidad, temblar ante las amenazas de Dios, depender de las promesas, lamentar sus omisiones, arrepentirse diariamente de su pecado, luchar en oración y prevalecer con Dios, y, al estilo de Enoc, tener su conversación en los cielos y andar con Dios: este es el hombre verdaderamente grande a los ojos de los ángeles, a los ojos de Dios.
Fuente y atribución
Autor original: James Meikle
Título original: TRUE GREATNESS
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.