El Señor ha dado una promesa absoluta: «En el Señor serán justificados y se gloriarán todos los descendientes de Israel.» Y no menos absoluta es la añadidura, como un corolario divino de aquella promesa: «A él vendrán los hombres.» ¿Y quién les da voluntad y poder para venir? El Padre mismo, según las palabras del Señor: «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió.» ¿Pero atraerá el Padre a todos los escogidos vasos de misericordia hacia Jesús? Ciertamente lo hará; porque el Señor añade: «Escrito está en los profetas: Y todos serán enseñados por Dios. Así que todo aquel que oyó y aprendió del Padre, viene a mí» (Juan 6:45).
Cada acto de fe con el que miras a Jesús es un venir. Cada rayo de esperanza en su sangre y en su justicia es un venir. Cada suspiro, gemido o lágrima; cada sentimiento contrito, cada anhelo que brota de un corazón quebrantado, todo es un venir. De modo que, aunque no logres sentir tan plenamente como desearas un interés salvador en la primera parte de la promesa, «Ciertamente dirá uno: En el Señor tengo justicia y fuerza», sin embargo se obra en tu alma, por un poder divino, ese venir secreto mediante el cual tienes un interés salvador manifestado en la segunda parte: «A él vendrán los hombres.»
No podemos venir hasta que seamos atraídos. «Atráeme», dice la esposa, «tras de ti correremos» (Cantares 1:4). «Se me apareció el Señor desde lejos, diciendo: Sí, con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.» Cuando somos atraídos, entonces venimos, y no podemos sino venir. Es bueno venir. Aun los que han recibido deben venir continuamente. No obtenemos nada sino viniendo. Nuestra vida diaria, como vida de fe y esperanza, es una vida de venir. Nuestra oración continua es un venir continuo. Porque el lenguaje de la Iglesia sigue siendo: «Y el Espíritu y la esposa dicen: Ven. Y el que tiene sed, venga. Y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.» Así debemos venir siempre, para recibir siempre; y todo lo que nos hace venir encierra en sí una bendición real o implícita. Ni vendrás en vano, seas quien seas. «Porque al que viene a mí», ha dicho el bendito Señor, «no le echo fuera.»
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: October 23
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.