«Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones.» 2 Corintios 1:21-22 [Véase también Efesios 1:14.]
Una alegría sensible de la fe y un gran deleite en la oración no son las únicas evidencias de la presencia del Espíritu como arras y sello. Las primeras a veces faltan, cuando tenemos razón para creer que hemos sido sellados por estas señales; a saber: cuando recibimos a Cristo en todos sus oficios y tenemos un deseo sincero de hacer la voluntad de Dios en todo; cuando amamos las ordenanzas de Cristo y miramos a los hijos de Dios con afecto fraternal, procurando hacerles bien; cuando odiamos el pecado, velamos y oramos contra él; y, por último, cuando somos pobres en espíritu, viles a nuestros propios ojos, y somos conducidos a un conocimiento más profundo de Cristo mismo y de su evangelio por el Espíritu.
Estas son señales constantes, aun para los más débiles. Con ellas, nadie necesita dudar; sin ellas, la esperanza es falsa y del todo vana. Mas, por mucho que hayamos recibido, hay mucho más en Cristo por recibir. Su gracia nos hundirá en lo profundo de la humildad y nos levantará a las alturas de la santidad. Su gracia quebrantará nuestros temores, destruirá nuestras dudas y nos llenará de confianza. Oh Jesús, danos más gracia, ¡más gracia! Él da gracia a los humildes.
Fuente y atribución
Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky
Título original: A Golden Treasury for the Children of God — April 26
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.