Pensamientos para la hora quieta

Las estrellas relucientes alaban al Creador

Las estrellas, lejos de ser chispas efímeras, son mundos gloriosos que declaran la soberanía y omnipotencia del Creador, invitándonos a alabarle.

"¡Alábenlo, todos ustedes, estrellas relucientes!" Salmos 148:3

A esta multitud de estrellas en su fulgor se la ha comparado en la poesía con "chispas del yunque de Dios". Hay un defecto en la figura. Las chispas, por brillantes que sean, son centelleos momentáneos y pasajeros: un destello de átomos que mueren en la oscuridad y no se ven más.

El ejército estrellado de los cielos son mundos gloriosos que se mueven, no caprichosamente, sino en obediencia a grandes leyes cósmicas: habitantes de un reino, no de confusión, sino de diseño y orden. Deje que la ciencia hable de ello como "leyes de la naturaleza". Llame más bien a estos espacios atestados e ilimitados: el dominio de un Creador y Sustentador pensante, vivo e inteligente; rebosantes de evidencias de su soberanía y omnipotencia.

Ninguna especulación moderna, sea lo que sea, podrá jamás oscurecer el brillo de esas gemas en la diadema del Todopoderoso.

"¡Alábenlo, todos ustedes, estrellas relucientes!" Salmos 148:3

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: Thoughts for the Quiet Hour — Excerpts — 85

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura