Palabras de consuelo divino

Las joyas preciosas que Dios guarda con amor

Jehová llama a sus santos sus joyas: amadas, raras, preciosas, pulidas por la prueba, hermosas por la gracia y guardadas con vigilancia para adornar su corona.

Aquello que el mercader considera más costoso y la esposa más ornamental, Jehová condesciende en emplearlo para ilustrar el carácter y la relación de sus santos: «Mis joyas.» Alma mía, si por gracia soberana has sido sacada de tu naturaleza muerta y pecadora y has sido hecha piedra viva y pulida en la casa de tu Dios, siéntate un momento a meditar en las verdades preciosas y vivificantes que encierra esta hermosa semejanza.

Habla, primero, conmoviendo, del amor que el Señor te tiene como una de sus joyas. ¡Cuánto tienen sus santos que aprender de la grandeza de su admirable amor! Y aunque tiene profundidades que no podemos sondar, alturas que no podemos alcanzar y dimensiones que no podemos medir, así como un niño puede llenar su pequeña concha en el océano que ruge a sus pies, así podemos comprender en alguna medida el amor de Cristo que excede a todo conocimiento. Habla también de la rareza del pueblo del Señor, pues las joyas no son cosas comunes y cotidianas; ¡cuán raros son los cristianos verdaderos! Habla de su preciosura, pues ¿quién estimará plenamente lo que valen para Jesús sus santos, por quienes un Cristo precioso derramó su sangre preciosísima? Y habla de su pulimento, pues sacados de la cantera de la naturaleza necesitan el cincel del Joyero y la purificación del Refinador antes de mostrar su lustre.

¡Y cuán hermosas son estas joyas preciosas! Lavadas en la sangre del Cordero, vestidas con la justicia de Dios, adornadas con las gracias del Espíritu, completas en Cristo y hermosas por la hermosura de él puesta sobre ellas, no es de extrañar que las encomie así: «Toda tú eres hermosa, amada mía; no hay mancha en ti.» Y son guardadas con vigilancia y cuidado. ¿Hay ser en el universo más vigilado, sostenido y divinamente guardado que el creyente en Jesús? Destinadas a adornar su frente cuando el Salvador venga en su gloria, ninguna perecerá, sino que todas constituirán «corona de gloria en la mano de Jehová, y diadema real en la mano de nuestro Dios.» Querido Salvador, ponme como sello sobre tu corazón, como sello sobre tu brazo, y cuando vengas en tu reino, halla, te ruego, entre aquellos redimidos y preciosos de quienes está escrito: «Míos serán ellos, dice Jehová de los ejércitos, en el día en que yo prepare mis joyas.»

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: JEHOVAH'S JEWELS

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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