La soledad endulzada

Las pérdidas y desdichas que todos padecemos

El dolor tiene aposento en toda frente, desde el rey hasta el mendigo; pero el alma que tiene su tesoro en el cielo y su dicha en Dios triunfa en medio de toda pérdida.

“El hombre nace para la aflicción tan ciertamente como las chispas vuelan hacia arriba.” (Job 5:7)

Convócase, oh afligida multitud, y ventilad vuestros lúgubres lamentos; reunid todas vuestras quejas y recitad las causas de vuestro dolor. Luego oíd a la realeza misma romper el silencio primero en la melancólica lista, y contar con lágrimas. La angustia acomete aun al trono, y la tristeza y la lobreguez penetran dentro de los muros del palacio. El dolor tiene aposento en toda frente, desde el rey hasta el mendigo; y en uno u otro momento podemos esperar ver el aposento poseído por todo el lúgubre cortejo. Ved aquí a uno triste por la pérdida de su honor y reputación; a otro que halla decepción en vez de ascenso; a otro raramente fuera de luto, tan pronto mueren sus parientes a su alrededor. Algunos no tienen ni hijo ni nieto en el vecindario; ni hija ni nieta en la casa.

Allí la esposa afectuosa ha perdido al esposo de su juventud; y aquí el desconsolado que guarda luto ha sepultado a su amada esposa. Aquí tantos pensionistas necesitados son verdaderos enlutados en el entierro de sus bienhechores, que ya no pueden preocuparse más por ellos; allí una tierna familia llora junto a la tumba de ambos padres. Aquí la carta de las lejanas Indias trae la melancólica noticia de la muerte del padre, hijo o hermano, que era esperado desde hacía tiempo en casa, pero que ya no regresará jamás; allí la lista de los caídos el día de la batalla llena muchos corazones tristes de dolor. Aquí una desgracia repentina arrebata a uno en la flor de la vida; allí otro es muerto por el sangriento rufián. Aquí el tierno infante muere sin ser visto en el silencio de la noche; y allí el hermoso niño perece en el agua. Aquí la llama devoradora despoja a un hombre de todo lo suyo, mientras algunos de la familia perecen en el incendio; allí la tempestad feroz envía el tesoro del mercader a las profundidades del mar, y la tripulación se hunde junta. Aquí la esposa estéril anhela abrazar un hijo; y allí otra amargamente lamenta que su rebelde hijo haya nacido jamás.

Aquí uno pierde su buen nombre inocentemente, y no tiene modo de limpiarlo hasta el día del juicio; y allí la paz es quitada a quienes deberían vivir en armonía diaria. Aquí algunos oprimidos por la pobreza angustiosa; allí otros por la enfermedad consumiente. Algunos desterrados de su tierra natal; otros condenados a prisión perpetua. Algunos deformes desde el vientre de su madre; otros pierden sus miembros por accidentes. Allí se sienta el ciego mendigando, mientras el cojo es llevado de puerta en puerta. A algunos Dios les ha atado la lengua, para que no pueda hablar; a otros les ha tapado el oído, para que no pueda oír. Allí algunos privados de razón ni descansan ellos mismos ni dejan descansar a los que los rodean; su caso es melancólico más allá de toda descripción.

En una palabra, ¡bajo cuántas pérdidas y cruces, pesares y angustias, incertidumbres y ansiedades trabajan los hombres! La sabiduría que es de arriba me conducirá a no esperar sino vanidad y aflicción aquí abajo. Pero, ¡oh! ¡Cuán feliz es el alma que tiene todo su tesoro en el cielo, toda su dicha en Dios! ¡Que este sea mi caso, y entonces triunfaré en medio de pérdidas, angustias, decepciones y dolor!

Fuente y atribución

Autor original: James Meikle

Título original: Worldly losses and misfortunes universal

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.

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