Los marineros eran necesarios para salvar la vida de los pasajeros. Sin embargo, Pablo ya había anunciado que no habría pérdida de vida, pues había recibido esta seguridad del ángel de Dios. Si era el propósito de Dios que nadie pereciera, ¿por qué afirmó Pablo que, si los marineros no permanecían en sus puestos, los pasajeros no podían salvarse? ¿Acaso dependía la promesa de Dios de unos cuantos marineros?
La seguridad divina no anulaba el uso de todos los medios adecuados para conseguir el rescate. No debemos sentarnos a no hacer nada cuando encontramos una promesa de Dios; más bien, debemos cumplir todo nuestro deber como si el cumplimiento de la promesa dependiera por completo de nosotros. No hay conflicto real entre dos verdades: que Dios tiene un plan que abarca todas las cosas, y que los seres humanos son agentes libres y responsables de sus actos. La teología tal vez no logre armonizarlas, pero el sentido común las acepta ambas. El desarrollo de los propósitos de Dios depende de la fidelidad humana, y su propósito de librarnos puede fracasar si no hacemos nuestra parte. No hay excusa para la inacción: el plan no se llevará a cabo si nosotros no lo trabajamos.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Miller's Year Book - November 2
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.