Pensamientos vespertinos

Las pruebas como correcciones llenas de amor divino

Con la cruz de Cristo ante nosotros y la gloria del cielo a la que ella conduce, podemos contemplar nuestras pruebas solo como correcciones amorosas. En la disciplina aprendemos el valor infinito del Salvador y el amor que se entregó por nosotros.

Con la cruz de Emanuel ante nosotros, y con el cielo de gloria que esa cruz revela y al cual conduce, ¿podemos contemplar nuestras pruebas bajo otra luz que no sea la de correcciones amorosas? Aquel que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿enviará un mal que nos neguemos a interpretar como un bien? Y ¿no levantará ese bien, aun bajo su severo disfraz, el alma hacia Él sobre el ala de la adoración, la gratitud y la alabanza? Si, contados entre sus santos, estamos ante Él como objetos de su deleite inefable y como receptores de su justicia justificadora, ¿no responderá a los tratos, por severos que sean, de nuestro Padre celestial, sino con una sumisión profunda y filial?

Es, amados, en estas temporadas disciplinarias donde somos más plenamente instruidos en el conocimiento del valor infinito, la gloria y la preciosidad del Salvador. Cuánto hay en un trato espiritual y experimental con el Señor Jesús. Poseemos todo conocimiento real cuando verdaderamente conocemos a Cristo; y no podemos conocer al Hijo sin conocer también al Padre. Y es imposible conocer al Padre, revelado en su Hijo, sin encenderse en el deseo de amarle supremamente, servirle con devoción, asemejarnos a Él, glorificarle fielmente aquí y gozar de Él plenamente en la gloria.

¡Oh, cuán digno es el Salvador de nuestras concepciones más elevadas, de nuestra confianza más implícita, de nuestro servicio más abnegado y de nuestro amor más ferviente! Cuando no podía darnos más, y los abismos de su amor no se satisfarían con darnos menos, se dio a sí mismo. Vestido de nuestra naturaleza, cargado con nuestra maldición, oprimido con nuestros dolores, herido por nuestras transgresiones y muerto por nuestros pecados, entregó todo su ser por nosotros. Habita, pues, bajo su cruz, con el ojo posado en el corazón de Dios, y camina rectamente, presentando tu cuerpo como sacrificio vivo, santo y aceptable; para que la prueba de tu fe sea hallada para alabanza, honor y gloria en la revelación de Jesucristo.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - January 27

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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