"Los antiguos germanos solían sumergir a sus hijos en el frío río Rin para curtirlos. Así también, Dios a veces juzga conveniente, al comienzo de nuestro caminar—sazonar todo nuestro recorrido hundiéndonos en la aflicción. Los santos deben llevar el yugo desde su primer encuentro con Cristo, porque esto es bueno para ellos."
Algunos de nosotros podemos respaldar esta opinión desde nuestra propia experiencia. Las duras pruebas en nuestros primeros días nos curtieron para la batalla de la vida. Calumniados y malentendidos tanto por buenos como por malos—aprendimos a dar poco valor al juicio de los hombres. Y cuando siguieron la alabanza y la adulación—teníamos un antídoto contra los venenos.
Así también, el dolor y la depresión soportados en la primera edad—han preparado a muchos para simpatizar con los desdichados, y para vivir una vida de bondad.
Un bautismo de fuego es, para los jóvenes conversos, una prueba terrible—y sin embargo una bendición incalculable.
Nunca despreciemos el castigo del Señor. Si Él viera conveniente sumergirnos en el mismo Océano Ártico, creamos que es para nuestro bien, y mantengamos la resolución de Job: "¡Aunque me mate, aun en Él confiaré!"
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: Should He see fit to dip us in the Arctic Ocean itself!
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.