Porciones diarias

Llamados a la comunión del Hijo de Dios

Cuando Dios llama a su pueblo por gracia, no es para abandonarlo al desamparo, sino a la comunión con su Hijo, el mayor privilegio que su amor eterno podía conferirle aquí y en la gloria.

Cuando Dios llama a su pueblo por su gracia, es para hacerlos partícipes de la mayor bienaventuranza y de la mayor gloria que podría conferir a los hijos de los hombres. Y esto no sólo en la eternidad, sino en el tiempo; no sólo más allá, sino a este lado de la tumba. Por eso apela a ellos por su profeta: "¿Me he sido a Israel un desierto, o tierra de tinieblas?". Cuando el Señor saca a su pueblo de los placeres terrenales, ¿es para ningún otro fin que conducirlos por sendas de aflicción y dolor? ¿Les hace dejar las ollas de carne de Egipto para matarlos de hambre en un desierto aullante? ¿Les arrebata los deleites terrenales para abandonarlos a la miseria y la desesperación? ¡Oh, no!

Los llama aun en este tiempo presente al mayor privilegio y favor más alto que su amor eterno pudiera conferirles, que no es otro sino "la comunión de su Hijo Jesucristo nuestro Señor", para que tengan unión y comunión con el Hijo de Dios por gracia aquí, y sean partícipes de su gloria en el más allá. El amado Hijo de Dios es y siempre ha sido el objeto de su eterno deleite. Glorificarle ha sido desde la eternidad su propósito fijo y asentado; y en prosecución de este propósito, le dio un pueblo que él formó para sí, para que mostrasen su alabanza. Así, pues, el Redentor se dirigía a su Padre celestial: "Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío, y he sido glorificado en ellos".

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: March 17

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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