Mañana y noche

Llamados a vivir separados del mundo

El cristiano ha de distinguirse del mundo en su propósito, su espíritu y sus acciones, conservándose sin mancha como hijo del Rey de reyes.

El cristiano, aunque está en el mundo, no debe ser del mundo. Debe distinguirse de él en el gran objetivo de su vida. Para él, «vivir» debe ser «Cristo». Ya sea que coma, o beba, o haga cualquier cosa, debe hacerlo todo para la gloria de Dios. Puedes acumular tesoro, pero acumúlalo en el cielo, donde ni la polilla ni el moho corrompen, donde los ladrones no entran ni roban. Puedes esforzarte por ser rico; pero que tu ambición sea ser «rico en fe» y en buenas obras. Puedes tener placer; pero cuando estés alegre, canta salmos y haz melodía en tu corazón al Señor.

En tu espíritu, así como en tu propósito, debes diferenciarte del mundo. Esperando humildemente delante de Dios, siempre consciente de su presencia, deleitándote en la comunión con Él y procurando conocer su voluntad, demostrarás que eres de raza celestial.

Y debes estar separado del mundo en tus acciones. Si algo es recto, aunque pierdas con ello, debe hacerse; si es malo, aunque ganaras con ello, debes despreciar el pecado por amor a tu Maestro. No debes tener comunión con las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprenderlas. Anda dignamente de tu alto llamamiento y dignidad. Recuerda, oh cristiano, que eres hijo del Rey de reyes. Por tanto, consérvate sin mancha del mundo. No ensucies esos dedos que pronto han de tocar cuerdas celestiales. No permitas que esos ojos se conviertan en ventanas de lujuria, que pronto han de ver al Rey en su hermosura. No dejes que esos pies se manchen en lugares cenagosos, que pronto han de caminar por calles de oro. No permitas que ese corazón se llene de orgullo y amargura, que dentro de poco ha de llenarse del cielo y desbordarse de gozo extático.

¡Levántate, alma mía, y remonta el vuelo,

por encima de la multitud despreocupada;

por encima de los placeres de los alegres

y del esplendor de los soberbios;

hacia donde florecen eternas hermosuras,

y placeres todos divinos;

donde brilla una riqueza jamás consumible,

y resplandecen glorias sin fin!

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: September 11 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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