¡Qué palabra esta! «Todo». Eres privilegiado, santo de Dios, para acercarte al trono de Dios con todo. ¿Con cada pequeña ocurrencia? Sí. ¿Con aquello que la gente llama bagatelas? Sí. ¿Con tus preocupaciones diarias? Sí. Si sientes que hay un Dios que puede oírte, es tu privilegio acudir a él en todo. Todo queda comprendido; nada queda excluido. En todo, y eso mediante oración y ruego.
La oración es algo más suave que el ruego, menos intensa, menos ferviente, menos poderosa; pero no menos eficaz. A veces he comparado la oración y el ruego con dos cosas en la naturaleza. La una, a un río, un arroyo, como los que vemos en nuestra tierra baja, que fluye con suave curso hacia el mar; la otra, a los torrentes de los países montañosos, que saltan de precipicio en precipicio. Aquella es la oración serena del alma; éste, el clamor ferviente, el ruego intenso, la angustia exhalada del espíritu que se precipita hacia el seno de Dios con muchos suspiros quebrados y muchos gemidos fervientes.
Aquí las dos parecen contrastarse. Hay oración, serena y suave, el simple derramamiento del alma en el seno de Dios; y luego hay ruego, que es ferviente y clama al Señor como quien debe ser oído. Lo vemos en el bendito Jesús mismo. Leemos que en una ocasión subió al monte toda la noche para orar. No tenemos razón para creer que oró entonces del mismo modo que oró en el huerto y sobre la cruz. En el primer caso tuvo dulce unión y comunión con su Padre; en el otro clamó con gemidos y lágrimas y fue oído. Lo uno fue oración; lo otro, ruego. Pero hay otra cosa que debe mezclarse con ello, y muy omitida, y es la acción de gracias. Estos son los tres componentes de un servicio espiritual: oración, ruego y acción de gracias.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: November 16
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.