Mañana y noche

Lleva tus dolores y tus pecados a Dios

David enseña a llevar a Dios tanto las aflicciones como los pecados, confiando a su sabiduría el dolor y exigiendo ante todo el perdón de las transgresiones.

Es bueno para nosotros cuando las oraciones acerca de nuestros dolores van unidas a ruegos concernientes a nuestros pecados—cuando, estando bajo la mano de Dios, no estamos del todo ocupados con nuestro dolor—sino que recordamos nuestras ofensas contra Dios. Es bueno, también, llevar tanto el dolor como el pecado—al mismo lugar. A Dios fue a quien David llevó su dolor—a Dios fue a quien David confesó su pecado.

Debemos llevar nuestros dolores a Dios. Aun tus pequeños dolores puedes echar sobre Dios—pues Él cuenta los cabellos de tu cabeza. Y tus grandes dolores puedes encomendarle a Él—pues Él sostiene el océano en el hueco de su mano. Ve a Él, sea cual sea tu presente aflicción—y le hallarás capaz y dispuesto a aliviarte.

Pero también debemos llevar nuestros pecados a Dios. Debemos llevarlos a la cruz, para que la sangre caiga sobre ellos, para purgar su culpa y destruir su poder contaminante.

La lección especial del texto es esta—que hemos de ir al Señor con nuestros dolores y con nuestros pecados en la disposición debida del corazón. Observa que todo lo que David pide concerniente a su dolor es: "Mira mi aflicción y mi dolor." Pero la siguiente petición es mucho más expresa, definida, decidida y clara: "¡Perdona todos mis pecados!"

Muchos que sufren lo habrían puesto así: "Quita mi aflicción y mi dolor—y mira mis pecados." Pero David no dice así—clama: "Señor, en cuanto a mi aflicción y mi dolor, no dictaré a tu sabiduría. Señor, míralos, los dejo en tus manos. Me alegraría que mi dolor fuera quitado—pero haz tu voluntad. En cuanto a mis pecados, Señor, sé lo que quiero de ellos—¡deben ser perdonados! ¡No puedo soportar yacer bajo su maldición ni por un momento!"

Un cristiano tiene su dolor por más ligero en la balanza que su pecado. Puede soportar que sus aflicciones continúen—pero no puede sostener el peso de sus transgresiones.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: April 11 — Evening

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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