El lugar al que debemos llevar el evangelio es directamente al interior de los hogares de la gente. Debemos llevarlo por las calles y los callejones, por los campos y las colinas, entrando por cada puerta y contando la vieja, vieja historia junto a los hogares y en las mesas familiares. Debería ser el propósito de cada iglesia alcanzar con el evangelio a cada casa de su comunidad. Los cristianos deberían ir ellos mismos a esta obra, y no limitarse a enviar a un mensajero asalariado para que deje folletos debajo de las puertas de la gente. Los folletos son buenos; pero nosotros mismos deberíamos llevarlos y añadirles los dones de nuestro propio amor cálido, de nuestra ferviente simpatía e interés. Debemos hacer llegar el dulce evangelio a cada hogar, contándolo con nuestros propios labios.
¿Has pensado alguna vez en qué bendición tan admirable supone para un hogar cuando la salvación de Cristo llega a él? Piensa en qué lugar tan oscuro y triste es un hogar sin Dios: sin oración, sin reconocimiento del amor y la misericordia de Dios, sin refugio, sin consuelo en el dolor, sin esperanza en la muerte.
Piensa entonces en lo que Cristo trae cuando es admitido. La paz viene con Él, pues el pecado queda perdonado. El amor de Dios levanta un refugio sobre el hogar, pues ahora son hijos suyos los que allí habitan. Hay comunicación directa desde el cielo: una escalera que asciende, con ángeles sobre ella y Dios por encima de ella. Hay consuelo en el dolor, ayuda en la prueba, fortaleza en la debilidad y esperanza en la hora de morir.
Para ilustrar los dos hogares, el sin Dios y el piadoso, podemos imaginar un hogar egipcio y un hogar hebreo en aquella noche en que el ángel de la muerte vino a herir a los primogénitos. La diferencia estaba en la sangre en el dintel de la puerta. La sangre de Cristo en la puerta de un hogar es un refugio contra todo mal. ¿No sería algo grandioso que pudiéramos llevar el evangelio de Cristo a cada hogar a nuestro alrededor donde Cristo aún no ha sido recibido? ¿Conoces un hogar donde no se ore? ¿No intentarás abrir esa puerta para Jesús?
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Home Missions
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.