¿Qué es para ti ser cristiano? Debemos procurar reunir en este mundo tesoros que podamos llevar con nosotros a través de las puertas de la muerte y hasta el mundo eterno. Debiéramos esforzarnos por construir en nuestras vidas cualidades que perduren. Los hombres se afanan y trabajan para conseguir un poco de dinero, u obtener honor, o poder, o ganar una corona terrenal; pero cuando pasan al inmenso más allá, no se llevan nada de todo esto. Sin embargo, hay cosas —virtudes, frutos del carácter, gracias— que los hombres sí llevan consigo al salir de este mundo. Lo que un hombre ES, eso lleva consigo al mundo eterno. El dinero, el rango, los placeres y las ganancias terrenales los deja atrás; pero su carácter se lo lleva a la eternidad.
Esto sugiere de inmediato la importancia del carácter y de la formación del carácter. El carácter no es lo que un hombre profesa ser, sino lo que realmente es, tal como Dios lo ve. Un hombre puede no ser tan bueno como su reputación. Una buena reputación puede ocultar un corazón y una vida malvados. La reputación no es el carácter. La reputación es lo que los vecinos y amigos de un hombre piensan de él; el carácter es lo que el hombre ES.
El carácter de Cristo es el modelo, el ideal, para toda vida cristiana. Debemos ser del todo semejantes a Él; por tanto, toda aspiración y todo esfuerzo de la vida deben dirigirse hacia la bendita hermosura de Cristo. Su imagen la encontramos en los Evangelios. Podemos contemplarla cada día. Podemos estudiarla en sus detalles, siguiendo a nuestro Señor en Su vida entre los hombres, en todas las variaciones de experiencia por las que pasó.
A una niña cristiana le preguntaron: «¿Qué es para ti ser cristiana?». Ella respondió: «Es hacer lo que Jesús haría, y comportarme como Él se comportaría —si Él fuera una niña y viviera en nuestra casa». No podría haberse dado una mejor respuesta. Y casi no hay experiencia de la vida para la cual no encontremos algo en la vida de Cristo que nos instruya. Podemos descubrir los rasgos y cualidades de Su vida, según resplandecen en Su contacto... con la tentación, con la enemistad, con el mal, con el dolor, con la tristeza.
Lo siguiente, cuando tenemos la visión de Cristo ante nosotros, es implantarla en nuestra propia vida. No podemos simplemente soñarnos hasta llegar a una masculinidad o feminidad piadosa; debemos forjar para nosotros mismos, con sudor y angustia, las hermosas visiones de semejanza a Cristo que encontramos en las páginas del Evangelio. Nos costará autodisciplina, muchas veces angustia, pues debemos negarnos a nosotros mismos y cortar las cosas que amamos. El YO debe ser crucificado. No es fácil llegar a ser un hombre piadoso, un hombre semejante a Cristo.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Treasures from J. R. Miller — 19
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.