Es muy bueno que los caminos de Dios sean distintos de los nuestros. Por ejemplo, si el perdón de Dios fuera como el nuestro, nos haría poco bien. Nosotros guardamos nuestros pequeños rencores y resentimientos; recordamos las menores descortesías de los demás, dejando que amarguen nuestro amor y detengan el curso de nuestros afectos. Decimos perdonar, pero retenemos el rencor en el corazón.
Pero la manera de perdonar de Dios no es como la nuestra. Él perdona a los peores pecadores, los mayores pecados y el mayor número de transgresiones. En la parábola, fue Dios quien perdonó los diez mil talentos; y fue un hombre quien no quiso perdonar a su prójimo una miseria. Lo más admirable de este universo es el perdón de Dios. Debemos agradecerlo, porque si fuera menor, no podríamos ser salvos.
Y una vez que lo hemos recibido, debemos dejar que su espíritu obre en nuestro corazón para transformarnos a su propia imagen. Oramos: «Perdónanos como nosotros perdonamos a otros». Si de verdad lo decimos, conviene que cuidemos bien la clase de perdón que mostramos a los demás.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Miller's Year Book - May 10
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.