El pueblo del Señor se deleita en el pacto mismo. Es una fuente inagotable de consuelo para ellos cuantas veces el Espíritu Santo los conduce a su banquete y agita su bandera de amor.
Se deleitan en contemplar la antigüedad de aquel pacto, recordando que antes de que la estrella de la mañana supiera su lugar, o los planetas recorrieran su órbita, los intereses de los santos quedaron asegurados en Cristo Jesús.
Les complace de manera especial recordar la firmeza del pacto, mientras meditan en «las misericordias firmes de David». Se deleitan en celebrarlo como «firmado, sellado y ratificado, en todo bien ordenado».
A menudo les hace dilatar el corazón de gozo pensar en su inmutabilidad, como un pacto que ni el tiempo ni la eternidad, ni la vida ni la muerte, podrán jamás violar; un pacto tan antiguo como la eternidad y tan duradero como la Roca de los siglos.
Se regocijan también en banquetearse con la plenitud de este pacto, pues ven en él todas las cosas provistas para ellos. Dios es su porción, Cristo su compañero, el Espíritu su Consolador, la tierra su albergue y el cielo su hogar. Ven en él una herencia reservada y vinculada a cada alma que posee un interés salvador en su antiguo y eterno documento de donación.
Sus ojos brillaron cuando lo descubrieron como un tesoro hallado en la Biblia. ¡Pero oh, cuán se alegraron sus almas cuando vieron en el último testamento de su divino pariente que les había sido legado!
Más especialmente es el placer del pueblo de Dios contemplar la gracia de este pacto. Ven que la ley fue invalidada porque era un pacto de obras y dependía del mérito; pero perciben que este permanece porque la gracia es la base, la gracia la condición, la gracia el motivo, la gracia el baluarte, la gracia el fundamento, la gracia la coronación. ¡El pacto es un tesoro de riqueza, un granero de alimento, una fuente de vida, un depósito de salvación, una carta de paz y un refugio de gozo!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: August 26 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.