Comentario Devocional y Práctico

Los hijos de Dios no practican el pecado, sino que muestran su nueva naturaleza

El que permanece en Cristo no vive en la práctica del pecado; el renacimiento obrado por el Espíritu produce una nueva naturaleza que aborrece el mal y se distingue claramente de los hijos del diablo.

Los hijos de Dios saben que su Señor tiene ojos más puros que para permitir que habite con él cosa alguna impura y profana. Es la esperanza de los hipócritas, no la de los hijos de Dios, la que hace concesión para gratificar deseos y concupiscencias impuras. Seamos seguidores de él como sus hijos amados, mostrando así el sentido que damos a su inefable misericordia, y expresando aquella mente obediente, agradecida y humilde que nos corresponde. El pecado es el rechazo de la ley divina. En él, es decir, en Cristo, no hubo pecado. Todas las debilidades sin pecado que fueron consecuencias de la caída, él las tomó; esto es, todas aquellas flaquezas de la mente o del cuerpo que sujetan al hombre al sufrimiento y lo exponen a la tentación. Pero nuestras flaquezas morales, nuestra propensión al pecado, él no las tuvo. El que permanece en Cristo, no continúa en la práctica del pecado. Renunciar al pecado es la gran prueba de la unión espiritual con, la permanencia en, y el conocimiento salvador del Señor Cristo. Guárdese cada uno del engaño propio. El que hace justicia es justo, y ser seguidor de Cristo muestra un interés por la fe en su obediencia y en sus sufrimientos. Pero un hombre no puede actuar como el diablo y, al mismo tiempo, ser discípulo de Cristo Jesús. No sirvamos ni nos entreguemos a aquello que el Hijo de Dios vino a destruir. Nacer de Dios es ser renovado interiormente por el poder del Espíritu de Dios. La gracia renovadora es un principio permanente. La religión no es un arte, un asunto de destreza y habilidad, sino una nueva naturaleza. Y la persona regenerada no puede pecar como lo hacía antes de nacer de Dios, y como lo hacen otros que no han nacido de nuevo. Hay en su mente aquella luz que le muestra el mal y la malignidad del pecado. Hay en su corazón aquella inclinación que le dispone a aborrecer y odiar el pecado. Hay el principio espiritual que se opone a los actos pecaminosos. Y hay arrepentimiento por el pecado, si llegare a cometerse. Le va contra su naturaleza el pecar con premeditación. Los hijos de Dios y los hijos del diablo tienen caracteres distintos. La simiente de la serpiente se conoce por el descuido de la religión y por su odio a los verdaderos cristianos. Solo es justo delante de Dios, como creyente justificado, aquel que es enseñado y dispuesto a la justicia por el Espíritu Santo. En esto se manifiestan los hijos de Dios y los hijos del diablo. Pongan todos los profesos del evangelio estas verdades en su corazón, y pruébense a sí mismos por ellas.

El amor a los hermanos es el carácter de los verdaderos cristianos (

Fuente y atribución

Autor original: Religious Tract Society

Título original: Devotional and Practical Commentary — 1 John 3:3-10

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.

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