Todos tenemos una serie de pecados del yo: la propia justicia, la autocompasión, la confianza en uno mismo, la autosuficiencia, la autoadmiración, el propio valor, el amor a uno mismo y una multitud de otros semejantes. Estos pecados del yo no son algo que hacemos, sino algo que somos, y en ello radican tanto su sutileza como su poder.
Habitan demasiado profundamente en nosotros y son parte demasiado intrínseca de nuestra naturaleza para llamar nuestra atención, hasta que la luz de Dios se enfoca sobre ellos. Las manifestaciones más burdas de estos pecados: el egotismo, la exaltación de uno mismo, la propia promoción, se toleran extrañamente en líderes cristianos, incluso en círculos de ortodoxia impecable.
Están tan en evidencia que, para muchas personas, llegan a identificarse con el evangelio. Confío en que no sea una observación cínica decir que hoy parecen un requisito para la popularidad en algunos sectores de la Iglesia visible. Promover el yo bajo la apariencia de promover a Cristo es hoy algo tan común que apenas despierta atención.
Fuente y atribución
Autor original: A. W. Tozer
Título original: Treasures from A. W. Tozer — 243
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de A. W. Tozer, publicado originalmente en Grace Gems.