Lecturas bíblicas diarias en la vida de Cristo

Los regalos que ofrecemos a Cristo reflejan la adoración sincera del corazón

Quienes siguen la luz son guiados al Salvador, y al encontrarlo su primer impulso es adorarlo. La adoración verdadera se expresa también entregando nuestros mejores dones y nuestra vida entera.

Quienes siguen la luz serán conducidos al fin hacia Cristo. Siempre hay también gozo en el corazón cuando alguien ha hallado al Salvador. El primer acto es adorar y rendirle culto. Estos hombres vieron solamente al niño recostado en los brazos de su joven madre. No había corona sobre su cabeza. Ningún resplandor de gloria emanaba de su rostro. Su entorno era del todo poco regio, sin pompa ni comitiva. El niño no hizo nada en su presencia que revelara su realeza, no pronunció palabra alguna ni realizó ningún acto de poder regio. Sin embargo, los magos creyeron y «lo adoraron».

Piense cuánto más sabemos nosotros acerca de Cristo de lo que ellos sabían. Lo vemos en toda la gloria de su vida, su muerte, su resurrección y su ascensión; lo vemos «de pie a la diestra de Dios», «Rey de reyes», coronado con muchas coronas. No nos resulta difícil discernir en Él las señales regias. ¿Acaso quedaremos detrás de los magos en nuestra adoración?

Ellos no se conformaron con adorar al Rey y rendirle homenaje en palabra y en postura, sino que también depositaron sus dones a sus pies. No nos basta cantar nuestras canciones de alabanza a Cristo, levantar la mirada con adoración hacia su rostro, postrarnos ante Él en reverente culto y expresar con palabras el homenaje del corazón. También nosotros debemos traer nuestros dones para depositarlos a sus pies.

Hay una gran cantidad de mero sentimentalismo en la consagración de muchas personas. Cuando se requiere dones de sacrificio, o un servicio verdadero, su sentimiento se desvanece al instante. La gente entona himnos misioneros con gran fervor, y cuando llega la bandeja de ofrenda, ¡no tienen dones que presentar! Estos hombres no solo trajeron presentes, sino que trajeron los más costosos. Debemos ofrecer lo mejor, nuestro «oro e incienso y mirra»: el vaso de alabastro del amor más profundo de nuestro corazón, y lo mejor de todo, nuestra vida y nuestro servicio.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: Offering Gifts

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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