Vamos a Cristo para el perdón, y luego con demasiada frecuencia miramos a la ley para hallar poder contra nuestros pecados. Pablo nos reprende así: «¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os ha fascinado? Ante vuestros ojos Jesucristo fue presentado claramente como crucificado. Solo quiero aprender de vosotros esto: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por la fe con que habéis oído? ¿Tan insensatos sois? Después de haber comenzado con el Espíritu, ¿ahora os perfeccionáis por la carne?» Gálatas 3:1-3.
Lleva tus pecados a la cruz de Cristo, porque el viejo hombre solo puede ser crucificado allí; estamos crucificados con Él. La única arma para combatir el pecado es la lanza que atravesó el costado de Jesús.
Para dar un ejemplo: quieres vencer un carácter iracundo; ¿cómo te propones hacerlo? Es muy posible que nunca hayas probado el camino correcto de ir a Jesús con ello. ¿Cómo obtuve la salvación? Fui a Jesús tal como era, y confié en que Él me salvara. ¡Debo matar mi carácter iracundo de la misma manera! Es el único modo en que jamás podré darle muerte. Debo ir con él a la cruz y decir a Jesús: «Señor, confío en que Tú me librarás de él». Este es el único modo de asestarle un golpe mortal.
¿Eres codicioso? ¿Sientes que el mundo te enreda? Puedes luchar contra este mal todo el tiempo que quieras, pero si es tu pecado dominante, jamás serás librado de él sino por la sangre de Jesús. Llévalo a Cristo. Dile: «Señor, he confiado en Ti, y tu nombre es Jesús, porque Tú salvas a tu pueblo de sus pecados; Señor, este es uno de mis pecados; ¡sálvame de él!».
Las ordenanzas nada son sin Cristo como medio de mortificación. Tus oraciones, tus arrepentimientos y tus lágrimas, todo junto, nada valen aparte de Él. «Solo Jesús puede hacer bien a los pecadores impotentes», o a los santos impotentes tampoco. Has de ser vencedor por medio de aquel que te amó, si es que has de serlo. Nuestros laureles deben crecer entre sus olivos en Getsemaní.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: April 23 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.