Lo que se nos enseña a buscar o evitar en la oración, igualmente deberíamos perseguirlo o evitarlo en la acción. Muy earnestemente, por tanto, deberíamos evitar la tentación, procurando andar tan cautelosamente en el camino de la obediencia, que jamás tentemos al diablo a que nos tiente. No debemos entrar en la espesura en busca del león. Caro podríamos pagar tal presunción. Este león puede cruzarse en nuestro camino o saltar sobre nosotros desde la espesura; pero no tenemos nada que ver con cazarlo. El que se encuentre con él, aunque salga vencedor, hallará una dura lucha. Que el cristiano ore para ser librado del encuentro.
Nuestro Salvador, que tuvo experiencia de lo que significa la tentación, amonestó así earnestamente a Sus discípulos: "Orad que no entréis en tentación." Pero hagamos lo que hagamos, seremos tentados; de ahí la oración: "líbranos del mal." Dios tuvo un Hijo sin pecado; pero no tiene ningún hijo sin tentación. El hombre natural nace para la aflicción, como vuelan las chispas hacia arriba; y el hombre cristiano nace para la tentación, con la misma certeza. Debemos estar siempre en vigilancia contra Satanás, porque, como un ladrón, no avisa de su llegada. Los creyentes que han tenido experiencia de los caminos de Satanás saben que hay ciertas temporadas en las que más probablemente hará su ataque, así como en ciertas temporadas pueden esperarse vientos fríos; así el cristiano es puesto en doble guardia por el temor del peligro, y el peligro se evita preparándose para enfrentarlo. Más vale prevenir que curar: es mejor estar tan bien armado que el diablo no te ataque, que soportar los peligros de la lucha, aun saliendo vencedor. Ora esta noche, primero, para no ser tentado, y luego, si la tentación es permitida, para ser librado del maligno.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: February 9 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.