En el estudio profundo de la santidad de la ley y el rigor de la justicia divina, ¿qué objeto más adecuado y glorioso para el espíritu alarmado y tembloroso que aquel que vino a honrar esa ley y a satisfacer esa justicia? Si te agitan los pensamientos de la santidad divina y de tu propia impureza, si tiemblas al contemplar la determinación de Dios de no dar por inocente al culpable, mira a Jesús y deja que tu temblor se calme con la quietud con que su susurro apacigua la tempestad. Él ha venido a ser «el fin de la ley para justicia, a todo aquel que cree».
Su expiación, al vindicar la majestad del gobierno del Padre, extiende su poderoso escudo alrededor del hijo del Padre; y así protegido, ni el trueno de la ley ni la espada flamígera de la justicia pueden alcanzarte. ¡Oh la bienaventuranza de mirar por la fe a Jesús, lejos de la ira y de la condenación justamente debidas a nuestras transgresiones! Ver toda esa ira y condenación cargadas sobre aquel que lloró y sangró en el huerto, que languideció y murió sobre el árbol; ver a Jesús cerrando nuestro infierno y abriendo de par en par nuestro cielo.
En cada posición de la vida, nuestro privilegio es mirar a Jesús. Dios no puede colocarnos en circunstancias, humildes o encumbradas, en las que no podamos acudir a Cristo en busca de la sabiduría y la fuerza, la gracia y el consuelo que ellas demandan. En toda temporada de aflicción, ¿a quién podemos mirar con mayor propiedad que a Jesús, el Varón de dolores y conocedor del quebranto? Vuelve tu ojo creyente al Salvador divino, sufriente y expiatorio, y la paz, la compostura y el gozo acallarán tu espíritu tembloroso.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - September 3
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.