Hasta que en el sentir del alma estamos en "los términos de la tierra", no tenemos ojos para ver, oídos para oír ni corazón para sentir qué Mediador tan glorioso hay a la diestra del Padre. Y cuanto más sentimos estar en los confines de la tierra, más profunda es nuestra necesidad de él; y conforme el Espíritu despliega el misterio de la gloriosa Persona de Cristo y revela su hermosura, más se vuelve él el objeto de la admiración y adoración del alma. ¡Y qué Mediador presenta la palabra de verdad a la fe viva! Qué objeto para que la fe espiritual lo mire, para que una esperanza viva fondee en él y para que el amor divino lo abrace. Que el Hijo de Dios, que yacía en el seno del Padre desde la eternidad, igual al Padre y al Espíritu Santo, segunda Persona de la gloriosa Trinidad, se dignara tomar nuestra naturaleza para gemir, sufrir, sangrar y morir por miserables culpables que, si se les permitiera, arruinarían mil veces al día sus almas, ¡qué maravilla de maravillas!
Pero no podemos entrar ni sentir el poder de este misterio hasta que somos reducidos a circunstancias en que sólo un Salvador así puede salvar nuestras almas. ¿Podemos hacer algo para salvarnos a nosotros mismos? Entonces no necesitamos ayuda de aquel Poderoso sobre quien Dios puso el socorro, y le rechazamos en secreto. ¿Podemos sanarnos a nosotros mismos? Entonces no necesitamos al buen Médico. Pero cuando se nos abren los ojos para ver nuestra ruina y desamparo totales, y para contemplar la gloriosa Persona del Hijo de Dios, la fe se despliega para huir a ese Objeto glorioso y descansar en él.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: July 14
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.