Padre celestial, que en tu gran misericordia me has permitido ver la luz de otro día, capacítame para comenzarlo y terminarlo contigo. Que todos mis pensamientos, propósitos y acciones lleven grabadas la inscripción: «Santidad a Jehová».
Hazme conocer la bienaventuranza de la reconciliación: lo que es, como pecador y el primero de los pecadores, venir «tal como estoy, sin un solo ruego», a esa sangre «que limpia de todo pecado». Deseo aferrarme a la sublime seguridad de que Jesús es «poderoso para salvar hasta lo sumo», y que no me ha dejado nada por hacer junto a tu trono sino recibirlo todo como don y compra de tu gracia gratuita e inmerecida.
Mientras lo miro como mi Salvador de la pena del pecado, hazme conocerlo también como mi libertador del poder del pecado. Tengo que lamentar que tantas veces he cedido a sus solicitaciones, y que mi corazón, templo del Espíritu Santo, ha sido profanado por «la cosa maldita», interrumpiendo mi comunión con el Señor que amo. Tú conoces mi pecado que me asedia, la plaga de mi corazón. Señor, corta esta raíz de amargura; déjame clavarla en tu cruz. Que «el pecado no se enseñoreará de ti» sea para mí a la vez precepto y promesa. Enséñame que mi fuerza para resistir la tentación está solo en Jesús, y que la raíz de mi pecado sea puesta bajo tu cruz para decir: «Señor, yo soy tuyo».
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: FOR CRUCIFIXION OF SIN
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.