El mismo Espíritu que proveyó para el sostén de la esperanza de Simeón, proveyó también para su gozo. Los que desean ver a Cristo, deben ir a su templo.
He aquí una confesión de su fe: que este Niño en sus brazos era el Salvador, la salvación misma, la salvación designada por Dios.
Él se despide de este mundo. ¡Cuán pobre parece este mundo a aquel que tiene a Cristo en sus brazos y la salvación a la vista!
Ved aquí cuán consoladora es la muerte de un hombre piadoso: parte en paz con Dios, en paz con su propia conciencia, en paz con la muerte. Los que han recibido a Cristo, pueden recibir también a la muerte.
José y María se maravillaban de las cosas que se decían de este Niño. Simeón les muestra también qué razón tenían para regocijarse con temblor. Jesús, su doctrina y su pueblo siguen siendo objeto de contradicción; su verdad y santidad siguen siendo negadas y blasfemadas; su palabra predicada sigue siendo la piedra de toque del carácter de los hombres.
Las buenas afeciones secretas en la mente de algunos serán reveladas al abrazar a Cristo; las corrupciones secretas de otros serán reveladas por su enemistad contra Cristo. Los hombres serán juzgados por los pensamientos de sus corazones respecto a Cristo. Él será un Jesús sufriente; su madre padecerá con él, por la cercanía de su parentesco y afeción.
Ana profetiza acerca de él (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Luke 2:25-35
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.