Es nuestro deber mortificar nuestros miembros que se inclinan a las cosas del mundo. Mortificadlos, matadlos, reprimidlos, como a la cizaña o las plagas que se extienden y destruyen todo a su alrededor. Debe hacerse continua oposición a toda obra corrupta, y no proveerse nada para los deleites carnales. Deben evitarse las ocasiones de pecado: los deseos de la carne y el amor al mundo; y la codicia, que es idolatría; el amor al bien presente y a los goces externos. Es necesario mortificar los pecados, porque si no los matamos, ellos nos matarán a nosotros. El evangelio transforma tanto las potencias superiores como las inferiores del alma, y sostiene el dominio de la recta razón y la conciencia sobre el apetito y la pasión. Ya no hay diferencia por país, ni por condiciones y circunstancias de la vida. Es deber de cada uno ser santo, porque Cristo es el Todo del cristiano, su único Señor y Salvador, y toda su esperanza y felicidad.
Para vivir en amor mutuo, paciencia y perdón; (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Colossians 3:5-11
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.