«¡En la casa de mi Padre muchas moradas hay!» Juan 14:2.
El universo es la casa de Dios, ¡y cada globo habitable no es más que una sola habitación de ella! ¿Quién puede medir la morada del Infinito? ¿Quién puede señalar los límites de Su habitación? ¿Quién puede contar las moradas de Su heredad?
«En la casa de mi Padre», dijo nuestro Señor a Sus discípulos, «muchas moradas hay. Voy, pues, a preparar lugar para vosotros.» El hogar de los redimidos, preparado especialmente por Aquel que nos amó y se entregó a Sí mismo por nosotros, será sin duda uno de los más resplandecientes y excelentes en todo el dominio de nuestro Padre celestial.
Nuestro título para habitar en él es el infinito merecimiento de Cristo: Su obediencia hasta la muerte, aun la muerte de la cruz.
Nuestra aptitud para morar allí es la obra del Espíritu Santo en nuestros corazones, mediante la cual somos hechos participantes de la naturaleza divina, y capacitados para la comunión con Dios y con los santos que le aman y le sirven continuamente.
Amado lector, ¿tienes un título para la mansión celestial? ¿Lo has recibido como don de Dios mediante la fe en nuestro Señor Jesucristo? ¿Y tienes aptitud para ella? ¿Amas la comunión del pueblo de Dios? ¿Hambres y sedes de justicia? Si así es, sin duda tendrás un lugar en la mansión de arriba, y serás para siempre con el Señor.
Fuente y atribución
Autor original: Autor desconocido
Título original: In My Father's house
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Autor desconocido, publicado originalmente en Grace Gems.