Pensamientos para la hora quieta

Murió luchando por sus enemigos

La consagración desinteresada de Jesús contrasta con el egoísmo humano que levanta pirámides de riqueza, ambición e intelecto: en su cruz llevó la inscripción de quien muere por sus enemigos.

¡Murió luchando por sus enemigos!

¡Qué contraste entre la consagración desinteresada de Jesús en su gran obra y ministerio en la tierra, y el egoísmo y la búsqueda de sí mismo que tan a menudo caracterizan a la raza por la cual Él murió!

Hay muchos en este mundo entregados a empresas gigantescas. Ponte en una de nuestras calles más concurridas; observa a la multitud que pasa de prisa, cada uno con surcos profundos de preocupación en su frente. Estos son constructores; no constructores de piedra o acero, sino que figuradamente levantan alguna enorme pirámide con labor incansable.

Uno trabaja afanosamente en la Pirámide de las Riquezas, nivel sobre nivel remachada con grapas de plata y oro.

Otro está absorto en la Pirámide de la Ambición, ajeno al trabajo intermedio, con tal de alcanzar más rápidamente la ansiada cumbre y coronarla con la Fama haciendo sonar su trompeta de bronce.

Otro se ocupa de alguna Pirámide Intelectual (la más selecta de todas), levantando montones de tesoro mental: pensamiento laborioso.

¡Cuán pocos entre ellos podrían decir con corazón sincero: «No tengo ningún motivo oculto en todo lo que hago. No tengo intereses egoístos que satisfacer; lo hago ni para mi propio bien ni para el de mi familia, sino para otros»!

Sería un mundo más feliz si el uso y el propósito de nuestras pirámides no hubieran sido como las de Egipto: construidas para glorificarse a sí mismo en vida, y para cubrir su polvo después de la muerte.

¡Diferente, cuán diferente, fue el balance de Jesús!

«Cristo no se agradó a sí mismo.» El desinterés, en su forma más noble, fue la característica de su Redención.

Desde la infancia en el pesebre de Belén, hasta la oración expirante en el amargo madero, todo fue la más pura ausencia de egoísmo de un corazón amoroso. "¡A otros salvó, a sí mismo no se pudo salvar!" En su cruz estaba grabada, no la inscripción de los héroes alabados por el mundo: "Murió luchando por sus amigos"; sino: "¡Murió luchando por sus enemigos!"

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: Thoughts for the Quiet Hour — Excerpts — 45

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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