Precisamente cuando los caldeos rodeaban a Jerusalén, y cuando la espada, el hambre y la pestilencia habían asolado la tierra, Jeremías recibió de Dios el mandato de comprar un campo, y de hacer que la escritura de transferencia quedara legalmente sellada y testimoniada. Era una compra extraña para un hombre racional. La prudencia no podía justificarla, pues era comprar con apenas una probabilidad de que el comprador llegara jamás a disfrutar la posesión. Pero a Jeremías le bastaba con que su Dios se lo hubiera mandado, pues bien sabía que Dios será justificado por todos sus hijos.
Razonaba así: "¡Ah, Señor Dios! Tú puedes dar utilidad a este pedazo de tierra; puedes librar esta tierra de estos opresores; puedes hacer que me siente aún bajo mi vid y mi higueraheredad que he comprado; porque tú hiciste los cielos y la tierra, y no hay nada demasiado difícil para ti."
Esto daba a los santos antiguos una grandeza: se atrevían a hacer, por mandato de Dios, cosas que la razón carnal condenaría. Ya fuera un Noé encargado de construir un barco en tierra seca, un Abraham llamado a ofrecer a su único hijo, un Moisés dispuesto a despreciar los tesoros de Egipto, o un Josué encargado de sitiar a Jericó durante siete días sin más armas que los toques de cuernos de carnero, todos actuaban por mandato de Dios, contra los dictados de la razón carnal; y el Señor les dio una rica recompensa como fruto de su fe obediente. ¡Ojalá tuviéramos, en la religión de estos tiempos modernos, una infusión más potente de esta fe heroica en Dios! Si nos aventuráramos más sobre la promesa desnuda de Dios, entraríamos en un mundo de maravillas que aún nos es desconocido. Sea nuestro el lugar de confianza de Jeremías: ¡nada es demasiado difícil para el Dios que creó los cielos y la tierra!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: June 30 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.