Mañana y noche

Navegar con Jesús por la tempestad

Navegar con Cristo no garantiza buen tiempo, pero su presencia conduce a la flota entera a salvo al puerto deseado.

Jesús era el Gran Almirante del mar aquella noche, y su presencia preservó a toda la flota. Es bueno navegar con Jesús, aunque sea en una barca pequeña. Cuando navegamos en la compañía de Cristo, no podemos estar seguros de buen tiempo, pues grandes tormentas pueden sacudir la nave que lleva al propio Señor, y no debemos esperar que el mar sea menos agitado alrededor de nuestra pequeña barca. Si vamos con Jesús, debemos estar dispuestos a correr su misma suerte; y cuando las olas son rudas para Él, serán rudas para nosotros. Es por tempestad y sacudida como llegaremos a tierra, como Él lo hizo antes que nosotros.

Cuando la tormenta se abatió sobre el lago oscuro de Galilea, todos los rostros se oscurecieron y todos los corazones temieron el naufragio. Cuando todo auxilio de la criatura fue inútil, el Salvador dormido se levantó, y con una palabra transformó el furor de la tempestad en el silencio profundo de la calma; entonces las pequeñas embarcaciones descansaron tanto como la que llevaba al Señor. Jesús es la estrella del mar; y aunque hay tristeza sobre el mar, cuando Jesús está en él también hay gozo. Que nuestros corazones hagan de Jesús su ancla, su timón, su faro, su bote salvavidas y su puerto. Su Iglesia es el buque insignia del Almirante; sigamos sus movimientos y animemos a sus oficiales con nuestra presencia. Él mismo es el gran atractivo; sigámosle siempre en su estela, observemos sus señales, naveguemos por su carta, y nunca temamos mientras esté a nuestro alcance. Ni una sola nave de la flota sufrirá naufragio; el gran Comodoro llevará cada barco a salvo al puerto deseado. Por la fe soltaremos nuestra amarra para otra travesía del día, y navegaremos con Jesús hacia un mar de tribulación. Los vientos y las olas no nos perdonarán, pero todos le obedecen; y, por tanto, cualquiera que sea la borrasca que arrecie afuera, la fe sentirá una bendita calma dentro. Él está siempre en el centro de la compañía azotada por la tempestad; regocijémonos en Él. Su nave ha llegado al puerto, y la nuestra llegará también.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: September 14 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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