«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo.» Lucas 9:23
Hecho esto, todo lo demás será fácil. Si sabemos que no somos nada, que somos indignos de todo y que nada tenemos de nuestro, no podemos perder nada. No tenemos propiedad alguna, pues somos mayordomos del Señor. No tenemos honor ni vergüenza propios, a la manera del mundo; nuestro único honor es que Dios sea glorificado, y nuestra única vergüenza, que Él sea deshonrado por nosotros. La gloria de Dios hemos de tenerla en el corazón, y en su causa ser como leones; pero en la causa propia, como corderos. Por tanto, cuando se nos contraría con cosas que no conciernen a la gloria de Dios y al verdadero bien de nuestro prójimo, sino a nuestro propio interés, y no estamos dispuestos a sufrir nada, nos veremos envueltos en mayores problemas; pero, negándonos a nosotros mismos, perderemos mucha vejación inútil y carnal y, en su lugar, recibiremos a Cristo, con todas sus bendiciones espirituales y temporales, en la medida en que las necesitemos, las cuales solas pueden hacernenos gozosos y felices. Pero el que desee agradar al mundo (buscándose a sí mismo y su propia gloria), no puede ser seguidor de Cristo. ¿Y cómo le irá en la hora de la muerte y del juicio? Con esto cada uno, instruido o no, puede examinarse: ¿a quién procura agradar? ¿A Dios o al mundo? ¿Quién es el soberano del corazón: Cristo o Satanás? ¿Cuál es el fin de la vida: la santidad o la complacencia de sí mismo?
Fuente y atribución
Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky
Título original: A Golden Treasury for the Children of God — March 4
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.