Mañana y noche

No olvides a tu Salvador

Una advertencia solemne de que los cristianos pueden olvidar a Cristo, y un llamado a atar un nomeolvides celestial al corazón para retenerle siempre.

Parece, pues, que los cristianos pueden olvidar a Cristo. No habría necesidad de esta amorosa exhortación si no existiera el temeroso supuesto de que nuestra memoria pudiera sernos infiel. Y esto no es un mero supuesto. Está, ¡ay!, demasiado confirmado en nuestra experiencia, no como posibilidad, sino como hecho lamentable. Aparece casi imposible que aquellos que han sido redimidos por la sangre del Cordero moribundo, y amados con amor eterno por el Hijo eterno de Dios, ¡puedan olvidar a ese Salvador lleno de gracia! Pero, si asombra al oído, es, ¡ay!, demasiado evidente a los ojos para permitirnos negar el delito.

¡Olvidarlo a Él, que nunca nos olvidó! ¡Olvidarlo a Él, que derramó su sangre por nuestros pecados! ¡Olvidarlo a Él, que nos amó hasta la muerte! ¿Puede ser posible? Sí, no solo es posible, sino que la conciencia confiesa que es una falta demasiado triste de todos nosotros, que le permitimos ser como un viajero que se detiene solo una noche. Aquel a quien deberíamos hacer el morador permanente de nuestras memorias es en ellas solo un visitante. La cruz, donde uno pensaría que la memoria se demoraría y el olvido sería un intruso desconocido, es profanada por los pies del olvido.

¿No dice tu conciencia que esto es verdad? ¿No os halláis olvidadizos de Jesús? Alguna criatura os roba el corazón, y os olvidáis de Aquel en quien debería estar fijado vuestro afecto. Algún negocio terrenal os absorbe la atención, cuando deberíais fijar firmemente vuestros ojos en la cruz. Es el incesante torbellino del mundo, la constante atracción de las cosas terrenales, lo que arrebata el alma de Cristo. Mientras la memoria conserva demasiado bien una hierba venenosa, deja que la Rosa de Sarón se marchite. Carguémonos de atar un nomeolvides celestial en torno a nuestros corazones para Jesús, nuestro Amado, y, cualquier otra cosa que dejemos escapar, retengámosle a Él.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: April 26 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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