La mundanalidad es un síntoma común y fatal de la hipocresía, pues por ningún pecado puede Satanás tener un dominio más seguro y firme del alma bajo el manto de una profesión de religión. El alma siempre ha de tener algo que considera como lo mejor, aquello en lo que encuentra placer y confianza por encima de las demás cosas. Cristo aconseja que hagamos de nuestro mayor bien los goces y las glorias del mundo venidero, aquellas cosas no vistas que son eternas, y que pongamos en ellas nuestra felicidad. Hay tesoros en el cielo. Es sabiduría nuestra poner toda diligencia en asegurar nuestro derecho a la vida eterna por medio de Jesucristo, y considerar todas las cosas de aquí abajo como indignas de compararse con ella, y no conformarnos con nada que no sea ella. Es una felicidad superior a los cambios y a los azares del tiempo, una herencia incorruptible. El hombre mundanal se equivoca en su primer principio; por tanto, todos sus razonamientos y acciones derivados de él han de ser erróneos. Esto se aplica igualmente a la falsa religión: aquello que se tiene por luz es densa oscuridad. Este es un caso terrible, pero común; debemos, por tanto, examinar cuidadosamente nuestros principios rectores por la palabra de Dios, con oración ferviente por la enseñanza de su Espíritu. Un hombre puede prestar algún servicio a dos señores, pero no puede entregarse al servicio de más de uno. Dios requiere el corazón entero, y no lo compartirá con el mundo. Cuando dos señores se oponen entre sí, nadie puede servir a ambos. El que se aferra al mundo y lo ama, ha de despreciar a Dios; el que ama a Dios, ha de renunciar a la amistad del mundo.
La confianza en Dios recomendada (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Matthew 6:19-24
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.