La obediencia de Jesús, ya fuera natural o moral, rendida a una ley divina o humana, fue digna de él. En ningún momento mostró resistencia a la autoridad constituida; la única insubordinación de su vida fue la rebelión contra Satanás y el pecado. Cuando los fariseos intentaron enredarlo preguntando si era lícito dar tributo al César, él respondió con sabiduría y equidad: Dad a César lo que es de César.
Considerar el deber que tenemos, como cristianos y ciudadanos, hacia la ley humana no es ocioso, pues existe una creciente tendencia a desconocer toda autoridad civil, lo cual contradice la palabra y el espíritu del cristianismo.
Jesús reconoció la autoridad civil como institución de Dios mismo, y se sometió con prontitud tanto a la ley del Estado como a la del templo, pagando el tributo para no dar tropiezo. No hay en su vida un permiso para oponerse por principio a la autoridad legítima; su vida fue de obediencia justa.
Jesús nos enseñó que la sujeción al magistrado no es incompatible con el temor de Dios: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Como discípulos suyos, obedezcamos primero a Dios; luego, en la familia, a los padres; en el Estado, a los magistrados; y en la iglesia, a quienes nos pastorean, caminando así completos en toda la voluntad divina.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Consider Jesus– in Obedience to Human Law
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.