"Resistid al diablo, y huirá de vosotros." Santiago 4:1
Oh mi Padre, Tú eres desde la eternidad hasta la eternidad. Amándome desde el principio, has prometido amarme aun hasta el fin. A pesar de todos los cambios inconstantes de mi propio corazón mudable hacia Ti, no ha habido ni puede haber sombra de variación en Tu fidelidad pactal hacia mí. Soy en esta hora el monumento de Tu misericordia, un comentario vivo de las palabras: "Tus caminos no son como los caminos del hombre, ni Tus pensamientos como los pensamientos del hombre."
Si he sido capacitado en alguna medida para resistir los asaltos de la tentación, es obra toda tuya. Soy "guardado por el poder de Dios." Si el Señor no hubiera sido mi ayuda, mi alma habría tenido ya mucho tiempo que morar en eternos incendios. ¡Por la gracia de Dios soy lo que soy!
Oh mi Padre, el pecado indulgente y acariciado me incapacita para el gozo de Tu servicio y de Tu favor. Tengo que lamentar mi propensión al mal, la inclinación natural de mi corazón hacia lo que se opone a Tu voluntad pura y santa. Cuando quiero hacer el bien, el pecado está con demasiada frecuencia presente conmigo. Siento el poder de mis adversarios espirituales. Si me dejaran a mí mismo y a mis propios recursos sin ayuda, tendría que renunciar sin esperanza al conflicto.
Pero me regocijo al pensar que hay ayuda, esperanza y fortaleza a mano. Quiero mirar a Aquel que ahora fija en mí un ojo de amor inmutable desde el trono eterno. Todas Tus glorias de ascensión, oh bendito Redentor, no han borrado la ternura de Tu humanidad. Tú eres "aquel mismo Jesús." Tú, el Amigo permanente, permaneces inmutable entre los mudables. Y cuando Satanás desea a menudo tenerme para zarandearme como trigo, es Tu oración intercesora la que me salva de la ruina total. ¡Tú estás abogando por mí, para que mi fe no falte! ¡Oh, que pueda ser hallado invencible en la hora de la tentación, siendo hecho más que vencedor por medio de Aquel que me amó! Amparado en Ti, el verdadero Refugio, el maligno no puede tocarme.
Que no juguete con mi propia alma ni con los intereses trascendentales de la eternidad. Que cada día viva bajo la consciente convicción de que Tu ojo puro está sobre mí. Guárdame de todo lo que esté en desacuerdo con Tu mente benigna. Guárdame de los ánimos no cristianos, de una conducta impía, inconsistente o desigual. Con un porte semejante al de Cristo, pueda yo exhibir la influencia santificadora y transformadora del Evangelio en mi propia alma, para que otros reconozcan en mí que he estado con Jesús.
Dios de Betel, pon bajo Tu providencia protectora a todos los que me están unidos por vínculos entrañables. Por mucho que nos hallemos separados los unos de los otros, que nunca seamos separados de Ti. Que nos regocijemos a menudo en este, nuestro lugar común de encuentro: que en espíritu podemos congregarnos alrededor de Tu trono de misericordia y depositar nuestro incienso vespertino en el único Incensario de Oro de nuestro sumo Sacerdote lleno de gracia.
Toma cargo de mí esta noche, defiéndeme de todo peligro; despierte o duerma, que viva juntamente contigo. Todo lo que pido o espero es en el nombre y por el amor de Jesucristo, mi único Salvador. Amén.
"Sea mi oración delante de Ti como el incienso, y el alzar de mis manos como el sacrificio vespertino."
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: Prayer for Firmness in Temptation
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.